viernes, 7 de octubre de 2011

10 (malas) Costumbres Argentinas

1- Tapar la patente del auto para evitar las multas fotográficas. 
Lo curioso son los elementos utilizadas para cubrir la identificación. Entre ellos: una cinta roja, una cinta negra (que modifica alguna de las letras de la patente), un pedazo de cartón o algún trozo de tela dejándose caer desde el baúl como accidentalmente que casualmente cubre los números de la chapa. En fin, la lista es interminable, pudiendo encontrar incluso por sobre la patente una foto del general Perón o una calcomanía de Carlos Gardel. 

Regla infalible: Todos los individuos que incurren en dichos actos son los más críticos con la coyuntura argentina: "Y qué querés, este país es un desastre, nadie cumple la ley, todo es una joda". 

2- Caminar con paraguas en días de lluvia por el lado de la pared 
(¡¡¡Cómo me irritan, Dios!!!). Todo aquel que no salió a la calle con paraguas, ya sea por despistado, porque se lo olvidó, o simplemente porque la lluvia lo tomó por sorpresa, automáticamente atina a cubrirse mediante los balcones o los carteles sobresalientes de los comercios. El problema se presenta cuando algunos de estos idiotas se les cruzan por el camino. El último de ellos que me llevó por delante me clavó el paraguas en el pecho; aún lo llevo conmigo. 

Regla infalible: Son seres despreciables, inseguros y mezquinos. (No me pregunten por qué; estoy enfadado: se me acaba de abrir el paraguas que llevo incrustado). 

3- No respetar el lugar en la fila
Hay personas que harían cualquier cosa, menos esperar su turno mientras hacen la fila. Serían capaces, incluso, de respetar un poco más al prójimo (bueno tampoco tanto). Pueden llegar a hacerse pasar por sordos, ciegos, mudos, inválidos, bomberos o incluso ladrones. La cuestión es no demorar más de la cuenta y, sobretodo, birlarle la posición al otro; parecería que eso en sí mismo les genera placer. 

Regla infalible: Las señoras mayores nunca quieren hacer la fila; siempre intentan robarle el lugar a otro, aún cuando se los ceden. Quizás les eleve la adrenalina; un misterio. 

4- Incinerarse vivo el primer día de vacaciones. 
El color caribeño queda muy bien; de eso no hay dudas. Ahora bien, tampoco es lógico querer adquirir ese tono en sólo un día. Sobre todo teniendo la piel similar a Drácula con anemia a al Tío Lucas. Resultado más común: quemadura de segundo grado y tres o cuatro días sin pisar la playa, con lo cual vuelven más pálidos que antes de llegar. Moraleja: más vale ser blanco auténtico que "tostado" en terapia intensiva. Reflexión: ¿La frase del disco de Charly García, "Estaba en llamas cuando me acosté" estará inspirada en algún veraneo ardiente del bicolor? 

Regla infalible: el 95 % de los argentinos incurre en estas prácticas. 

5- Hacerse el dormido para no ceder el asiento en el transporte público. 
Aunque no lo crean, quienes incurren en esta práctica, se jactan de realizarla. Es muy común escuchar: "Je, yo me hago el dormido cada vez que entra una anciana o una mujer embarazada". Sin comentarios, ¿no?. No obstante, por suerte no son la mayoría de mis compatriotas. 

Regla infalible: Cuánto más listo se cree aquel que se incluye en este punto más idiota será. Consejo: escápenle. 

6- No apagar el teléfono celular donde está restringido su uso
Muchos argentinos actúan como si el pequeño aparatito fuera una extensión de su cuerpo. No pueden estar un minuto sin él y mucho menos apagarlo, claro. Esta manía roza la estupidez: en los bancos, por ejemplo, su uso está prohibido para evitar comunicaciones entre eventuales ladrones. No obstante, estos simpáticos obsesivos intentan dejarlo encendido hasta traspasar cualquier límite. Lo llamativo es que no advierten que de alguna manera están generando su propio robo. 

Regla infalible: quién no apaga nunca el celular es impotente y/o frígida. (Disculpen no tiene lógica, pero me caen muy mal estos muchachitos). 

7- Apostarse en la puerta de salida de cualquier transporte turístico media hora antes de llegar a destino. 
Sí, sí, suena increíble, pero es así. El motivo es in-en-ten-di-ble: ¿Ansiedad, instintos suicidas, estupidez, genialidad (digo, por que nadie lo entiende) o movimiento de masas? Quién lo sabrá. Lo gracioso es que finalmente, en la salida del aeropuerto, terminal o estación, salen todos (los desesperados y los seres racionales) al mismo momento. Debo confesarlo: más de una vez he deseado que les abran la puerta así canalizan sus desmesuradas ansias en el agua (sí, viajo mucho en barco y qué) . 

Regla infalible: cuánto más numerosa es la familia parapetada en la salida de un transporte, más exagerada será su espera. Es decir, una pareja con cinco hijos en un viaje de una hora ni siquiera utilizará los asientos. 

8- Arrojar basura en la vía pública
Conclusión: hay personas que quieren neutralizar sus frustraciones deportivas lanzando latas, papeles o envoltorios de snacks emulando así a su ídolo. Esta bien que sean sucios, pero qué necesidad hay de ser tan ampuloso. Al menos, arrójenlo con un poco de disimulo; hagan de cuenta que se les cayó. En el mejor de los casos, podemos encontrar a aquellos que, en un buen día e imitando a Manu Ginóbili, embocan sus "tiros" en el cesto. 

Regla infalible: Siempre hay una justificación cuando alguien los critica por arrojar un objeto. Las excusas son de las más disparatadas: "Qué querés que haga, esa lata sobrecargaba demasiado a mi carro. Lo hice por precaución", puede ser alguna de los argumentos esgrimidos. 

9- Creer que se sabe de todos los temas y no callarse a tiempo. 
Dicen que no hay nada más sabio que reconocer nuestras propias limitaciones. Bueno, hay una porción importantes de argentinos que esta frase no la escucharon nunca. O, a juzgar por su proceder, no la entendieron. Al escuchar al prójimo también se aprende y además nos ahorramos muchos papelones. En concreto: cualquiera no puede opinar sobre Física cuántica o polemizar sobre la teoría de la relatividad como si estaríamos analizando un partido de fútbol. Conozco una persona (merecería que la nombre) que me sirve como claro ejemplo. Antes que nada cuestiona, luego advierte de qué se está hablando, después recapacita si es idónea en ese tema, finalmente concluye en que no. Pero eso no le importa, sigue discutiendo. La he escuchado debatir con ingenieros agrónomos a partir de su experiencia en la plantación de quinotos. Resultado: dilapido el ánimo del profesional quien, totalmente enajenado, le mando a guardar los quinotos en lugares recónditos que ahora no vienen a cuento. 

Regla infalible: A opinión más diversa y más abarcadora, menor conocimiento. 

10- No hacerse nunca cargo. Aquí están incluidos el cien por ciento de los argentinos. 
Ejemplo concreto: ninguno de los compatriotas que lea esta nota se sentirá identificado con algunos de los puntos descriptos. En el mejor de los casos lo tomarán como una exageración que, obviamente, no se condice con la realidad. En su defecto, reconocerán muchos de los ítems pero en el otro, nunca en ellos mismos. Yo mismo estaré detallado en algunos de los puntos, pero me considero totalmente exento. ¿Quizás sea la excepción a la regla? (¡Qué caradura!). 

Regla infalible: Nadie se hace cargo, nadie, créanme. 

fuente:http://www.aollatinoblog.com/2007/09/24/10-malas-costumbres-argentinas/

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