domingo, 8 de enero de 2012

Dios y El Típico Pesimista Argento

“El Dios de los cielos, él nos prosperará, y nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos” (Nehemias 2:20)

Así como los ciclos de bonanza mejoran nuestro ánimo social y los de crisis lo empeoran, existen razones culturales y aspiracionales que explican el ya casi natural desasosiego made in Argentina, más allá de geografías, clases sociales y gobiernos.

Somos un pueblo ciclotímico, oscilamos entre el pesimismo y el optimismo, entre la mufa y la euforia. Vivimos como si los buenos momentos –ciclos generalmente cortos, de pocos años– fueran regalos ocasionales de la providencia, que hay que disfrutar porque inexorablemente terminan para dejar paso al país de siempre, el que no funciona, el que no va a funcionar.

Tristeza nâo tem fin. ¿De dónde vienen ese mal humor, ese pesimismo, esa suerte de impotencia colectiva? Un filósofo europeo, de visita en la Argentina hace como ochenta años, concluyó: “Este es un pueblo triste”. La mayoria de los argentinos tienden a pensar lo mismo.

Una década atrás pudimos realizar un estudio de opinión pública para conocer la imagen que tenemos los argentinos de nuestro país vecino, Brasil. La mayoría coincidía en una percepción: los brasileños son un pueblo alegre, nosotros no; los brasileños tienen fuerza vital, nosotros parecemos vivir la vida más resignadamente. Los brasileños pueden, nosotros no. Somos cordiales, somos amigables, somos simpáticos (los extranjeros lo constatan), pero la mufa nos persigue y nos domina.

Desconfiados por naturaleza. Los argentinos vivimos la ciudadanía con profunda resignación, sin confiar en las instituciones, ni en los dirigentes, ni en las organizaciones representativas. Protestamos con facilidad; eso sabemos hacerlo. Y cuando no protestamos estamos de mal humor.

Sería mejor que el país no fuera como es; pero ¿podemos cambiarlo?.
La crisis contribuye a ese clima y lo aumenta: los temores pasan por un recrudecimiento de la inflación (que empieza a ser tangible en los servicios públicos), por no poder pagar deudas y mucho menos endeudarse y consumir.

Consumir o no consumir. En la problemática del consumo se encuentra otra de las claves del humor argentino.
Los argentinos gastamos mucho; solemos gastar por encima de nuestras posibilidades. Consumir es el camino para llenar los vacíos y las insatisfacciones de otros planos de la vida colectiva. No poder consumir produce mal humor y fastidio.
Se consume, se vive para consumir –lo que se puede, claro– y se padece la misma frustración cuando las circunstancias conspiran contra la posibilidad de hacerlo.

Al hablar de la "mala onda " de los argentinos, ¿estamos hablando de un estado de ánimo pasajero, el que hoy nos invade, o de un rasgo permanente que nunca nos abandonó del todo, llevándonos a perder partidos antes de jugarlos?

Si el espíritu de la queja ha sido por demasiado tiempo un rasgo del carácter nacional, criticarlo debería ser, para cada uno de nosotros, autocriticarnos. Si cada uno le dice al otro, cuando éste propone algo, que "no va andar", nos anularemos entre todos. Sin embargo, en el fondo de nuestro espíritu también sospechamos que a la Argentina le espera, en algún punto del futuro, una era de esplendor. Si esto es así, lo que necesita el brioso corcel argentino es que lo espoleemos para animarlo en vez de enervar su energía con la pesada carga del mal humor. .

Nehemias fue un profeta de la Biblia que fue copero de un rey, de quien obtuvo permiso para gobernar el país hebreo. El llega a la ciudad y se ocupa de reconstruir las murallas. El profeta Nehemias tenía la firme convicción de regresar a Jerusalén a restaurar los muros de la ciudad que habían sido destruidos 120 años antes. Nehemias, lloró, ayunó y oró delante de Dios. Su oración fue contestada cuando el rey persa le concedió permiso de regresar a Israel y empezar la reconstrucción (Nehemias 1:8).

No obstante las burlas y desalientos que recibió, al término de medio año, los muros habían sido reconstruidos.


Como argentinos debemos mantenernos firmes de la misma forma que lo hizo este profeta. En este 2012 que ya comenzamos, NO permitamos que las críticas, dudas y fracasos nos desvíen o aparten de la misión o sueño trazado. Como Nehemias, debemos humillarnos ante Dios para que el Espíritu Santo en que habita en nosotros nos mantenga firme y constantes en busca del logro u objetivo.
Te invito a que juntos repitamos: “Con su ayuda, me levanto por encima de las circunstancias para persistir con firmeza hacia adelante. El Espíritu Santo en mí, me ayuda a edificar los muros de mis sueños”  "El Dios del cielo nos dará éxito; por tanto, nosotros sus siervos nos levantaremos y edificaremos..." (Nehemias 2:20)

2012 “Año de Promesas Cumplidas de Dios”

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